'-Mírame- me pidió.
-¿Qué?- me atreví a decirle.- Parece que quieras que te mire para verme llorar de lo frágil que me siento en estos momentos.
-No es eso, solo quiero que me mires a la cara y tengas lo que hay que tener para decirme lo que te pasa..
-¿Qué quieres que te diga? ¿que no puedo más? ¿que estoy harto de muchas cosas? ¿que odio sentirme así de solo cuando estoy en mis peores momentos? ¿quieres que te diga eso?
-Sí, lo prefiero.- respondió.- Prefiero que me digas la verdad a que me mientas.
-¿Y de qué me sirve eso? ¿acaso voy a sentirme mejor?- le pregunté.
-Puede que no pero quiero que sepas que voy a seguir estando aquí.
-¿Hasta cuando? Dime- le pedí- Dímelo porque sé que cuando tengas que soportar mis mierdas seis de cada siete días, te acabarás marchando porque nadie tiene porqué quedarse.
-Pero yo sí quiero quedarme.- admitió.
-Eso dices ahora.
-Eso diré siempre.- prometió.'
Y no se quedó, pero eso era algo que ambos sabíamos. Yo tenía razón, sabía que ella se iría y que yo me quedaría aquí, solo, sin poder seguir.
Sabía que me costaría la propia vida despegarme de sus recuerdos y ella no se equivocaba en decirme que mi vida era una mierda antes de conocerle pero también lo está siendo ahora que no le tengo. Y últimamente mis días pasan por pasar, porque no me queda otra e intento seguir pero no soy el único que se da cuenta de que no puedo, solo soy incapaz, y con ella podía con todo.
Y sé que no debería pero yo la espero, espero, espero y van pasando las estaciones del año, paso del frío al calor, y sigo manteniendo la esperanza de que algún día llamarán a los pasajeros del último tren a su vida, pero se ve que la estación ya ha cerrado y que ya no volverá.
CON EL MAYOR DOLOR DE MI CORAZÓN: de mi; para mi.
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