Ella odiaba su pelo, siempre lo usaba como escudo e intentaba taparse los ojos con él sin saber que por muy común que fuese el color de sus ojos, le quitaban el sueño a cualquiera, a mi. Y no sabéis las veces que había deseado abrazarla y esconderme en su larga melena y oler esa fragancia a coco que me volvía loco. No sabes las veces que he pensado que el mismísimo paraíso estaba ahí, en su cuello, ni tampoco las veces que he deseado enredar mis dedos por todo su pelo, esa larga melena que parecía estar tejida por dioses que intentaron hacerla perfecta y lo consiguieron.
Ella odiaba mirarse al espejo pero por mi lo intentaba; a veces la veías ahí delante, frágil y callada, mucha gente pensaría que simplemente se estaría observando pero yo, yo sabía que dentro de su mente no dejaba de repetirse lo horrible que era y cómo alguien como yo podía quererla. Y cuando la veía demasiado seria, me ponía justo detrás suya, la rodeaba con mis brazos y me apoyaba en uno de sus hombros y la miraba fijamente en el reflejo del espejo y con una pequeña sonrisa le decía lo preciosa que estaba y, aunque no quisiera, ella siempre acababa sonriendo. Y después se giraba, se giraba para besarme sabiendo que en ese beso me decía aquellos 'gracias' que no tenía valor a pronunciar sabiendo que, con esas estupideces que yo le hacía, empezaba a quererse un poco más.
Ella odiaba tantas cosas que yo empecé a querer pero, hostia, teníais que ver lo feliz que era cuando estaba conmigo, se reía sin miedo, se miraba al espejo sabiendo que yo aparecería por detrás, se peinaba queriendo estar más guapa sin saber que a mi me gustaba más desmelenada, más despeinada; a lo loco, después de hacer el amor; en ese instante cuando me sonreía y me decía lo mucho que me quería estaba preciosa. Qué digo preciosa, estaba increíble, insuperable. No había cosa más bonita que verla despertar entre mis brazos y sentir que cada vez que ella no podía más, se venía a refugiar en estos sabiendo que ahí, era el mejor lugar de todos en el que llorar porque sabía que yo la cuidaría y, ahora que no estoy ahí para cuidarla me pregunto si se seguirá queriendo como me gustaría que lo hiciese, queriéndose tanto como yo le quise y le quiero.
Ella se odiaba y yo la quería y quería enseñarle en que lo raro no era que alguien como yo, un tonto, la quisiera..lo raro era que alguien tan increíble como lo era ella ni se amara. Era fácil de querer, joder, la mirabas y te sonreía y ya la querías. No podías no hacerlo y yo tuve la suerte de conocerla y es que cuando encuentras a alguien así piensas en todas las noches en las que has estado solo y, te das cuenta de que esas noches no eras ni la mitad de feliz que lo eres con ella y sí, la quise y lo sigo haciendo y ella no se quedaba corta en eso, no sabes lo bonito que quería, a su manera porque ella nunca te lo decía pero te miraba a los ojos y sabías que lo hacía, con ese brillo te decía lo mucho que te quería y hasta ahora no hay nadie que me haya querido así y aunque la haya tampoco la quiero como la seguiré queriendo a ella. No habrá otros hoyuelos en los que me pierda ni a los que quiera besar, ni unas ojeras tan bonitas por las que velar, ni unos labios mejores a los que besar, ni una chica tan perfecta como lo era ella a la que querer y amar.
CON EL MAYOR DOLOR DE MI CORAZÓN: De Mí; Para Tí
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