jueves, 30 de marzo de 2023

Queria curarme las heridas de los nudillos a base de besos aún sabiendo que eso acababa conmigo.

me controlaba como si fuese un puto muñeco de trapo, podía vestirme y desvestirme cuando le venía en gana para hacerme lo que quisiera, podía tomarme hasta las tantas de la madrugada que luego el único tonto que se pasaba lo que quedaba de noche despierto, era yo; mirándole para recordar cada suspiro que daba sabiendo que cuando yo me despertase, ella ya no estaría ahí. Nunca estaba. Vivía por y para ella sabiendo que no era el único que se desvivía por unos ojos como los suyos, por unas caricias que te abrasaban la piel sin quererlo y que te dejaban una marca -en el corazón- incapaz de olvidar. Ella sabía hacer que cualquier chico perdiese los papeles por ella, te decía lo guapo que estabas con ese nuevo corte de pelo, te apartaba ese mechón que siempre se interponía en nuestras miradas, te sonreía sabiendo que podías perderte en esas medio lunas que se le formaban en cada mejilla, te hacía reír sabiendo que horas después te haría suspirar; a dos centímetros de su cuello, estando a horcajadas de ella perdiéndote una noche más en la inmensidad de su cuerpo. Sabía hacerse necesitar; a veces te venía y en toda la noche no te daba ni el más mínimo roce para así volverte loco -un poco más- por ella. Anhelaba su tacto esas noches en las que ella, rebelde, quería hacerse esperar. Te besaba el cuello, así, de imprevisto; y se te olvidaba todo aquello que querías decirle. Se te olvidaba que te habías prometido a ti mismo mandarla a la mierda para que no jugase contigo como lo estaba haciendo. Y caías, volvías a caer prometiéndote- encima de su pecho- que esa iba a ser la última vez que ibas a respirar  al ritmo de su respiración, que sería la última vez que probabas esos labios. Pero no, nunca lo era. Siempre que intentaba levantarme de su pecho a altas horas de la madrugada, ella me rodeaba más fuertemente y me ponía la cintura para no poder separarme ni un puto milímetro de su pecho porque ella, muy en el fondo, sabía que ese era mi sitio. Pero, de la misma forma que sabía eso; también sabía que yo no era el tipo de chico que se conforma con que lo quieran a ratos. Que yo necesito los mimos de los lunes por la mañana, las tardes del martes en el cine, los arrumacos en el sofá el miércoles por la noche, hacer el amor el jueves en cualquier lado si es con ella, llorar en su pecho el viernes por la mañana por culpa de la mierda de día que tengo, salir de fiesta el sábado y soportar con ella las resacas el domingo por culpa del garrafón. Ella sabía eso y a su misma vez yo sabía que ella necesitaba el lunes no ir a clase, el martes más de lo mismo y quizás el miércoles pasarse un par de horas para disimular, el jueves me buscaba sabiendo que el viernes tendría a cualquier otro. El sábado salía, sí, y acababa siempre con una diferente que al domingo ni recordaba su nombre pero inexplicablemente a mi siempre volvía. Volvía para yo poder enredarme en su larga melena mientras me besaba con ansías rodeando su cintura y obligándome a andar hacia atrás para acabar apoyada en esa pared que tantas veces me vio amarla a ella, destrozarme y usarme. Usarme como cualquier tipo de trapo que utilizas para limpiarte las manos y que luego acabas tirando pero que por alguna razón que a día de hoy todavía no sé, ella no podía deshacerse de mi porque muy en el fondo sabía que ninguna tipo podría soportar lo que yo hacía. Y lo hacía, sí, pero porque le quería. Y muchas veces eso no es suficiente para quedarse así que llegó el día en el que sus besos dejaron de tener ese poder en mi, o fingí que no lo tenía y fui capaz de decirle todo aquello que ningun chico le dijo en su puta vida. Y me fui sabiendo que iba a echarla de menos, que las charlas de después de hacer el amor no tendrían su gracia si no eran con ella, que las cosquillas que me hacía cuando tenía ganas de llorar no iban a tener ese efecto en mi si venían de otras mano. Y me fui sabiendo eso pero no pensé que sería tan duro el vivir sin ella, echándole de menos como lo hago sabiendo que en estos momentos quizás está viendo a otro dormir, y puede que le esté acariciando al espalda- lentamente- como lo hacía conmigo, hasta que me dormía. Y ahora hace semanas que ni duermo, que ni siento, que ni pienso en lo que podría ser o haber sido de nosotros; solo sé que ella en estos momentos me está echando de menos como pensaba que nunca haría y no lo sé porque ella me lo haya dicho pero sólo me hace falta mirarme los nudillos de las manos sabiendo que he pegado a mil paredes intentando que el dolor que dentro siente, vaya a menos, pero eso no funciona así y ella lo sabe. Ese destrozo en los nudillos no será ni la mitad del dolor que yo he llegado a sentir aquí dentro cada vez que me despertaba y no estaba. Y eso pasaba cada noche en la que ella me buscaba y yo como un tonto caía porque la necesitaba. Así que me da igual, que me rompa a golpes las manos por mi que yo hace mucho que rompí mi corazón por ella sabiendo que cada noche a su lado era una más en la que no iba a quedarse. Y me rompí sin importar absolutamente nada y, mirame, estoy roto de tal manera que ya ni encajan las piezas que ella ha dejado aunque sé que ella estaría más que dispuesta a unirlas- cada una de ellas- a besos de la misma forma que yo me curaría todas esas heridas diciéndole, muy bajito, lo mucho que la necesito sabiendo que para ella eso valía más que cualquier te quiero que le podía dar.


CON EL MAYOR DOLOR DE MI CORAZÓN: De Mí; Para Ti. 

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